Duele haberte pedido
que pensarás en mi olvido
y que siguieras tu destino.
Duele ver la sombra
de tu cuerpo reflejado
en un tronco, cubierto
de hojas de arboles lejanos.
Duele el quererte siempre
y no querer que te prendas
en mi presente.
La realidad ni siempre
es lo que soñamos
tan sólo son fragmentos
de aquello que luchamos.
Duele vivir lejos de tu sonrisa
y decirte no puedo
nada ofrecerte.
Duele, ya lo sé
pero dolería más
si dejará la corriente
arrastra la emoción de quererte.
He detenido el mar
antes que ahogásemos
en la ola del amar.
Nunca es tarde para
detener un sentimiento
loco y desobediente,
cerrar las cuerdas vocales
y impedir que el viento
dé sonido al silencio.
Fueran tan cortas las palabras
y tan largos los sentimientos.
Fueron pocos los besos
y muchas las caricias
que ahora las guardo
en el cajón del olvido.







La confusión reinante entre estos dos términos, más la malintencionada idea de homologarlos, ha sido y es causante de horribles desencuentros en las parejas.
