La confusión reinante entre estos dos términos, más la malintencionada idea de homologarlos, ha sido y es causante de horribles desencuentros en las parejas." Ya no es como antes...""Las parejas con el tiempo se desgastan...""Ya no estoy enamorado...me voy." Éstas son algunas de las frases que escuchamos en la vida cotidiana y leo en los medios, apoyadas en la idea de que los matrimonios deberían continuar enamorados " como el primer día". Es muy lindo pensarlo posible, y a uno le gustaría creérselo, pero es mentira.
El estado ideal de una pareja no es el de aquellos primeros meses en los que estaban enamorados, sino el de todo el tiempo en que se aman en el sentido cotidiano, verdadero.
Si yo estuviera enamorado, sentiría que esto y cualquier otra cosa que no la incluya directamente es perder el tiempo.
Si yo estuviera enamorado en este preciso momento no tendría nada de ganas de estar aquí escribiendo, porque estaría pensando en estar allá, en encontrarme con él o, en todo caso, en escribirle un poema, pero siempre alrededor de él, porque él sería el centro de mi vida.
Cuando en un vínculo que comienza con esa pasión estar enamorado da paso al amor, todo sale bien. De hecho, nada mejor podría pasarnos.
Pero cuando no conduce allí, el desenamoramiento sólo deja detrás de sí una sensación de ciudad devastada, de ruina emocional, de dolor de la pérdida, del agujero de la ausencia.
Y uno se pregunta: ¿Por qué se terminó? ¿ Porque no era cierto? ¿ Porque era poco? ¿Porque era mentira?
No. Se terminó simplemente porque era una pasión.
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